martes, 25 de junio de 2013

Huida

Hecho tras hecho y con el paso del tiempo, veía que la insatisfacción se iba adueñando de su vida. Se la iba arrebatando poco a poco.

Ella sabía perfectamente que la realidad se hallaba a nivel del mar y forcejeaba con la finalidad de no ahogarse en un océano de expectativas, el cual ella misma había creado.


Era una espera que semejaba carecer de fin. Pero a pesar de todo, ella no hacía nada más que procurar aunar toda la paciencia posible y convertirla en brazadas hacia la superficie. Su pretensión era huir de la irrealidad y despertar de su mundo ideal e imaginario. Zafarse de toda la masa de agua que la rodeaba.



El tiempo no le importaba. Sus pulmones contenían aire; aire repleto de grandes dosis de esperanza. Podía aguantar. Podía resistir. Sabía que podría dejar de lado la fantasía y reunirse por fin con todo aquello bueno (y no tan bueno) que trae consigo lo verdadero. Lo perceptible a través de los sentidos. Lo que conseguía traspasar los límites de su mente. 



Sabía que tarde o temprano, se alzaría en los reconfortantes y a la vez ásperos brazos de la realidad.

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